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September 21, 2026 5 min read
“Se me olvidó lo que iba a decir”.
“¿Dónde dejé las llaves?”
“Entré a la habitación y ya no recuerdo a qué venía”.
Nos pasa a todos. Y después de cierta edad, estos pequeños olvidos pueden provocar una pregunta incómoda: ¿Esto será normal o debería preocuparme?
La buena noticia es que olvidar algo ocasionalmente no significa automáticamente que exista Alzheimer. Nuestra memoria puede verse afectada por estrés, falta de sueño, medicamentos, ansiedad, depresión y muchos otros factores.
Pero existe una diferencia importante entre olvidar algo de vez en cuando y comenzar a perder capacidades que antes formaban parte de nuestra vida cotidiana.
Hoy, 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, vale la pena aprender a reconocer esa diferencia.
La demencia es un término que describe un conjunto de alteraciones de la memoria, el pensamiento y otras capacidades cognitivas suficientemente importantes como para interferir con las actividades cotidianas.
El Alzheimer es una enfermedad cerebral y constituye la causa más frecuente de demencia, representando aproximadamente entre el 60 % y el 70 % de los casos.
Y hay algo especialmente importante que debemos dejar de normalizar: la demencia no es una consecuencia inevitable de envejecer.
La edad aumenta el riesgo, pero llegar a los 65, 70 u 80 años no significa que perder progresivamente nuestra capacidad para desenvolvernos sea “parte normal de hacerse viejo”.
No se trata únicamente de qué olvidaste, sino de la frecuencia, la progresión y cuánto comienza a interferir con tu vida.
Olvidar ocasionalmente una cita y recordarla después puede sucederle a cualquiera.
Olvidar repetidamente información reciente, hacer la misma pregunta varias veces o necesitar cada vez más ayuda para actividades que antes realizabas sin problema merece mayor atención.
Algunas señales que no conviene ignorar
Puede ser importante solicitar una valoración cuando aparecen cambios persistentes como:
Una señal aislada no diagnostica Alzheimer. Lo relevante es observar un cambio respecto al funcionamiento habitual de esa persona.
Actualmente no existe una forma garantizada de impedir que una persona desarrolle Alzheimer.
Sin embargo, eso no significa que no podamos hacer nada.
Las directrices de la Organización Mundial de la Salud publicadas en 2026 señalan que hasta un 45 % del riesgo de demencia podría estar relacionado con factores modificables.
La palabra importante aquí es riesgo.
Modificar estos factores no garantiza que una persona nunca vaya a desarrollar demencia, pero sí representa una oportunidad real para cuidar la salud cerebral a lo largo de la vida.
No existe una rutina secreta para “blindar” el cerebro. Gran parte de la prevención se parece mucho a cuidar el resto del cuerpo.
La actividad física beneficia la salud cardiovascular y metabólica y también está asociada con una mejor salud cognitiva.
No necesitas convertirte en atleta. Caminar, nadar, bailar, practicar algún deporte o realizar entrenamiento de fuerza pueden formar parte de una vida físicamente activa.
El cerebro necesita una buena salud vascular.
Hipertensión, diabetes y colesterol elevado se encuentran entre las condiciones que deben controlarse como parte de las estrategias para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
En otras palabras: cuidar tu corazón también es una forma de cuidar tu cerebro.
El tabaquismo y el consumo nocivo de alcohol se encuentran entre los factores modificables asociados con mayor riesgo de demencia.
Dejar de fumar y evitar el consumo excesivo de alcohol beneficia mucho más que los pulmones y el hígado.
Leer, aprender un idioma, tocar un instrumento, resolver problemas o adquirir nuevas habilidades mantiene al cerebro enfrentándose a nuevos retos.
Las nuevas recomendaciones de la OMS incluyen la estimulación y el entrenamiento cognitivo entre las intervenciones que pueden considerarse para reducir el riesgo.
Salir con amigos, conversar, participar en actividades comunitarias y mantener relaciones también importa.
El aislamiento social está reconocido entre los factores asociados con el riesgo de demencia. Mantenernos conectados puede formar parte del cuidado cerebral.
Este punto sorprende a muchas personas.
La pérdida auditiva está asociada con mayor riesgo de demencia y las recomendaciones actuales incluyen atenderla y utilizar auxiliares auditivos cuando sean necesarios.
Ignorar durante años que cada vez escuchamos menos no debería considerarse simplemente otra consecuencia inevitable de la edad.
Los traumatismos craneoencefálicos también se relacionan con el riesgo de demencia. Utilizar casco cuando corresponde, cinturón de seguridad y prevenir caídas importa.
Mantener un peso adecuado, dormir bien y llevar una alimentación equilibrada completan una estrategia que protege mucho más que nuestra memoria.
Ante cambios persistentes de memoria o comportamiento, esperar a que sean “más evidentes” no necesariamente es la mejor estrategia.
Una evaluación médica puede ayudar a determinar si existe deterioro cognitivo y también descartar otras causas que pueden producir síntomas similares.
Además, identificar un problema en etapas tempranas permite planear cuidados, mantener la independencia durante más tiempo, involucrar a la familia y valorar las opciones terapéuticas disponibles.
Actualmente existen medicamentos que pueden ayudar a manejar determinados síntomas del Alzheimer, además de intervenciones no farmacológicas dirigidas a preservar funcionalidad y calidad de vida.
No necesariamente. Los olvidos ocasionales pueden ocurrir durante el envejecimiento normal y por muchas otras razones. Lo preocupante es un cambio persistente y progresivo que comienza a afectar la vida cotidiana.
No. Es mucho más frecuente a edades avanzadas, pero existe demencia de inicio temprano. La OMS señala que hasta un 9 % de los casos de demencia comienzan antes de los 65 años.
No necesariamente. La genética puede influir en el riesgo, pero la mayoría de los casos no dependen de un único gen. Edad, salud cardiovascular, ambiente y otros factores también participan.
El diagnóstico requiere una valoración médica que puede incluir historia clínica, evaluación cognitiva, análisis y, dependiendo del caso, estudios de imagen u otros biomarcadores. Un test de memoria en internet no sustituye esta evaluación.
En el Día Mundial del Alzheimer, hablar de prevención no debería significar vivir con miedo a olvidar.
Debería significar exactamente lo contrario:
prestar atención a nuestra salud cerebral antes de que exista un problema.
Moverte, cuidar tu presión arterial y metabolismo, mantener relaciones sociales, proteger tu audición, seguir aprendiendo y acudir a valoración cuando algo cambia son decisiones pequeñas que pueden acompañarte durante décadas.
No podemos controlar todos los factores relacionados con el Alzheimer.
Pero hoy sabemos que sí existen factores sobre los que podemos actuar.
Y cuidar tu cerebro puede comenzar mucho antes de que tengas razones para preocuparte.